Hoy, hoy después de tantos años te dejo ir.
Te perdono por la sutileza con la que comenzaste a lastimarme y hasta por la violencia con la que lo hiciste también. Me perdono por haber caído en tus redes y por haberte permitido dañar mi salud mental. Nos perdono por tanta guerra.
Me ataste y golpeaste. Así descubrí cuánto era capaz de resistir y cómo defenderme. ¿Cuán enfermo sería que te lo agradezca?
Ya no quiero más mensajes durante el día, no te quiero cerca cuando duermo y tampoco deseo tu saludo al despertarme.
Renuncio a la comodidad, a la zona de confort, a ocultarme detrás tuyo y a usarte como escudo. Hoy puedo sola, tengo que hacerlo, me lo debo.
Me encontraste vulnerable y pura. Llegaste a convencerme de que me dabas todo lo que merecía, ¿cómo pudiste hacerlo? ¡Quedé jodida! Una vez más, te perdono.
Te suelto, soltame también. Andate lejos, yo merezco alcanzar el horizonte.
‘Toda relación deja una enseñanza’ me dijeron hace poco, y he aquí una de las más importantes que he tenido en la vida, no volver a permitir ser sometida, nunca más.
Hoy te arranco de mí. Hoy me despido y te dejo ir.
