Eran las dos de la mañana e Internet se cortó. Son pocos los que ante una situación así directamente apagan la computadora y se van a la cama, definitivamente yo no pertenezco a esa minoría.
Reinicié el módem cuatro veces. Lo desconecté y volví a conectar. Nada. No había Internet, no iba a solucionarse tan fácil y rápidamente.
Busqué una factura de mi proveedor de Internet, marqué el número, llamé y puse el teléfono en altavoz. Sonó tres veces, luego se produjo un silencio que no entendí, no comprendía si se había cortado la llamada o me había atendido.
-Hola. ¿Hola? -, dije.
No. Nadie. Nada.
A los segundos suena una contestadora.
-Bienvenido a InterCable. Consultas técnicas ingrese 1. Consultas administrativas ingrese 2. Por consultas de progra...
Presiono 1 antes de que termine de reproducirse todo. Una música comienza a sonar. Las melodías son sinónimo de espera y no me agradan. A los dos segundos:
-Para consultas técnicas de televisión por cable ingrese 1. Para soporte técnico de Internet ingrese 2.
Marco 2.
-Al finalizar la llamada usted podrá realizar una breve encuesta de dos preguntas. Con el objeto de mejorar nuestra atención esta comunicación podría estar siendo grabada.
Un breve momento de silencio seguido por:
-En este momento la espera aproximada es de seis minutos.
Y así, nuevamente, comienza una música que no hace otra cosa que repetirse y generarte un inevitable dolor de cabeza. Sabía que debía esperar seis minutos, cinco tal vez o siete, nadie podría decírmelo. Pasaron dos minutos y la melodía ya había perforado mi tímpano. Bajé el volúmen.
Ahí estaba yo, aguardando sentada frente al monitor mirando una pantalla blanca con un pequeño dinosaurio y un cartel que me recordaba que no tenía Internet. Así, con una llamada en espera, descubrí que delante mío tenía un juego. ¡Sí, con la barra espaciadora podía jugar!
Doy inicio al juego, viene un cactus, salto; viene otro, vuelvo a saltar; ahora un pájaro, me quedo quieta sin pulsar nada; otro cactus. Game Over. Barra espaciadora, cactus, cactus, cactus, ave, cactus y mi dinosaurio saltando feliz y con los bracitos extendidos.
Una llamada en espera.
Pese a que podía entretenerme con algo, la ansiedad era inevitable para mí. No soy una persona a la que le guste esperar ya que siento que en en medio de la espera tu vida se esfuma. No me gusta, justamente, porque siento que ya esperé demasiado. Esperé en demasiadas colas de supermercados mientras mentalmente apostaba sobre quién pagaría con efectivo y quién usaría una tarjeta de crédito, siempre parecía que las personas de las otras cajas se movía más rápido. Esperé el colectivo por horas, con frío, calor, sed, hambre y hasta miedo. Esperé a que el calendario o la hora avanzasen para que llegue un momento particular. Esperé invitaciones que nunca llegaron. Esperé mensajes demorados. Esperé decisiones inciertas.
Esperar me inquieta, me genera malestar y no puedo manejarlo durante mucho tiempo sin demostrar frustración. Esperar me impacienta y no hay remedio para ello.
«Estoy volviéndome buena en este juego, mi puntuación está mejorando».
A los nueve minutos, finalmente, me atiende una chica.
-Hola, buenas noches. Mi nombre es Micaela. ¿Cómo se llama usted?
-Harleen. ¿Necesita mi número de cliente? -pregunto ya conociendo el procedimiento.
-Sí, por favor.
-123456
-¿Cuál es su consulta? -dice hasta casi amigablemente.
-Hace veinte minutos que se me cortó Internet.
-Ahora la derivo con el sector de atención técnica, no corte.
«¿Tengo que volver a esperar? ¿Por qué no hace todo una misma persona?», pienso indignada.
Música, de nuevo. Llamada en espera. Inquietud creciente.
-Hola, buenas noches. Me llamo Pablo. ¿Cuál es su nombre?
-Harleen.
-¿Qué problema tiene?
-Hace veinte minutos que se me cortó Internet -respondo automáticamente casi interrumpiéndolo. «De nuevo las mismas preguntas, éstos no se comunican entre ellos», me digo a mí misma.
-¿Desconectó el cable conector del módem?
-Sí, lo desconecté, lo conecté, lo apagué, lo prendí, ya hice todo. No anda -digo cansada.
-Voy a revisar su conexión, aguarde en línea.
-Bueno.
Pasan los segundos, puedo sentirlo tipear.
-Señora, no me corte.
-No
«¿Por qué razón cortaría después de haber esperado todo este tiempo? Señora no, ¡no soy una señora! Harleen, calmate», pienso sin decir nada.
-Ya revisé, por lo que veo está todo bien. Mañana la llamamos para mandarle un técnico porque debe ser un problema de su módem.
-No es un problema de mi módem, mis vecinos tampoco…
-Mañana un técnico la llama y acuerdan una cita. Deme su número de teléfono y su dirección.
-¿Mi número de teléfono y mi dirección? ¿No podés ver eso en pantalla? -cuestiono ya tuteándolo.
-Estoy sin sistema.
-No voy a darte mis datos, si el problema continúa mañana vuelvo a llamar, gracias -y corto la comunicación indignada.
«Claro, cada vez que llamo están sin sistema. Tengo una puntería increíble. Debería ir a practicar arquería, me iría bastante bien», mi irritación había aumentado.
Vuelvo a jugar con mi nuevo amigo, era bastante entretenido a decir verdad. Al rato termino apagando todo y yéndome a acostar. No se puede esperar por siempre, no había mucho más para hacer.
Una llamada en espera, música y el juego de un dinosaurio.
Una llamada en espera. Ansiedad, irritación, indignación, inquietud, frustración, malestar.
Nosotros, una eterna llamada en espera.
-Bienvenido a la realidad. Si quiere seguir esperando ingrese 1. Si quiere seguir su vida corte la llamada.