Mirándonos

Una mirada cómplice.

(Su perfume. Su perfume justificando la punta de mi nariz rozando su cuello y él observándome de costado. Su boca y su esbozo de sonrisa. Sus labios que disimuladamente y casi por accidente tocaron mínimamente los míos. Un beso corto, uno de prueba y aprobación. Una sonrisa miedosa y mis latidos aumentando el ritmo. Su mano derecha tomándome suavemente de la nuca, la izquierda en mi cintura atrayéndome hacia él. Beso, beso, beso, toda una seguidilla de besos y caricias hasta descubrir mis manos bajo su camiseta y mis yemas acariciándolo cada vez con más fuerza. Deseo.
Deseo desesperado. Mi remera en el piso. Deseo desenfrenado. Un desfile de prendas dispersas entre el suelo y la cama. Mis manos aferrándome a su cuerpo como si dependiéramos de él.  Besos, besos en la boca, besos en el cuello antecediendo a las mordidas y a los besos en mi torso. Deseo que esperaba el siguiente acto, deseo que lo necesitaba para aquietarse pero que contenía su desesperación porque en el fondo sabía cómo terminaría. Dos cuerpos completamente extasiados. Respiraciones aceleradas y entrecortadas. Mi mano izquierda asida a las sábanas y la derecha sin poder desprenderse de su cuerpo. Deseo acallado de golpe. Mi cabeza en su pecho, su mano acariciándome. Redescubrimiento. Repetición).

Una mirada cómplice.

Todo. Nada.