-Minino de Cheshire -empezó Alicia tímidamente, pues no estaba del todo segura de si le gustaría este tratamiento: pero el Gato no hizo más que ensanchar su sonrisa, por lo que Alicia decidió que sí le gustaba. - Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
-Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar -dijo el Gato.
-No me importa mucho el sitio… -dijo Alicia.
-Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes -dijo el Gato.
-… siempre que llegue a alguna parte -añadió Alicia como explicación.
-¡Oh, siempre llegarás a alguna parte -aseguró el Gato-, si caminas lo suficiente!
-Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar -dijo el Gato.
-No me importa mucho el sitio… -dijo Alicia.
-Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes -dijo el Gato.
-… siempre que llegue a alguna parte -añadió Alicia como explicación.
-¡Oh, siempre llegarás a alguna parte -aseguró el Gato-, si caminas lo suficiente!
Alicia se encontraba en un lugar al que consideraba desconocido, ¿qué camino debía tomar?
Cualquiera te diría que antes de iniciar algo nuevo tenés que definir cuál pretendés que sea la meta y, a partir de allí, trazar un plan de acción. Pero, ¿qué hacemos cuando no tenemos un objetivo?, ¿qué hacemos cuando la situación en la que estamos nos nubla la vista y no nos lo deja ver? ¿qué hacemos cuando, si lo tenemos, es débil, confuso y poco visible?
Hoy puedo ver que dediqué demasiadas horas, días, semanas, meses y años tratando de comprender asuntos que todavía no comprendí, pensando que era necesario resolverlos antes de dar inicio a algo, que debía estar todo acomodado porque sino no era posible empezar algo nuevo sin echarlo a perder. Confusión y frustración fue todo lo que obtuve.
Pasó un año y medio, un año y medio acompañado por una serie de impulsos que decidí seguir. Así, sin objetivo alguno y rompiendo cualquier estructura, comencé a actuar.
A partir de allí aprendí a caminar sin tener un rumbo fijo. Aprendí que dando sólo pasos seguros no llegamos a ningún lugar extraordinario. Aprendí que no se trata de esperar a que los problemas cesen, se trata de seguir pese a que existan. Aprendí a seguir mi intuición y mi corazón. Aprendí a temerle un poco menos a equivocarme. Aprendí a correr el riesgo de cometer errores en lugar de vivir pensando en qué sucedería si lo hago o si algo no sale completamente como me hubiese gustado. Aprendí a caminar sola sin que mi avance dependa de otro. Aprendí a reconocer mis logros y a estar orgullosa de mí misma. Aprendí que, ante todo, debo mantenerme en movimiento.
Hoy, viendo todo desde otra perspectiva, me doy cuenta que haber seguido el primer impulso fue la mejor decisión que pude haber tomado. ¿A dónde quería llegar? No lo sé, sólo quería salir de lo conocido, necesitaba un cambio. Como a Alicia, no me importaba demasiado el sitio en el que terminase siempre que me acercase a algo diferente. ¡Jamás hubiese creído que iba a lograr tanto!
Sé que comenzar a caminar a veces es lo más difícil y también sé que quedarnos parados, analizando diferentes aspectos, armando y desarmando ideas, no es una mejor opción. Entendí que lo más importante es comenzar a moverse aunque sepas que no vas a lograr todo lo que querés. Moverse, rápido o lento, sin detenerse. Comenzar a caminar sin pensarlo tanto, sino, no empezás nunca.
La mayoría en algún momento se encontró perdido, sin saber qué camino tomar o sin saber cómo llegar al lugar que desea. La mayoría en algún momento fue Alicia.

La pequeña charla entre Alicia y el Gato de Cheshire estuvo dando vueltas en mi cabeza por demasiado tiempo, el suficiente tiempo como para saber que necesitaba ser parte de mi primer publicación acá. Hablando de esta, mi primer publicación, siempre supe de qué trataría, la escribí mentalmente una buena cantidad de veces pero, como muchos deben saber, si dejamos que pase el tiempo sin llevar los pensamientos a un papel (o una máquina) terminan siendo sólo ideas sueltas, flotando. Espero cada una haya encontrado su lugar en el texto final.
Este Blog es similar a un nuevo comienzo, no tiene una forma, no decidí su trayecto, no posee un fin determinado. Y es justamente el poder jugar con él lo que lo hace tan atractivo. Voy a escribir sobre mí y sobre vos, sobre mis conocidos y sobre desconocidos, sobre todos y sobre nadie. Voy a escribir y revisar treinta veces cada oración, voy a escribir y publicar sin releer. Voy a escribir para vos, para ellos, para nadie. Voy a escribir, ante todo, para mí. Voy a escribir...